lunes 6 de octubre de 2008

¿Tiramos o no tiramos de la cadena?

Tirar o no tirar de la cadena, that´s the cuestión, así de simple.

¿Cuántas veces no hemos recibido en nuestra bandeja de correo mails en los que, so pretexto de una acción caritativa o de un supuesto beneficio para nuestra salud (física o sentimental), se nos pedía que reenviásemos el correo recibido, cuanto menos, a 5 ó 10 de nuestros contactos para no romper la cadena y, de ese modo, poder propagar la acción pretendida u obtener los beneficios deseados? Seguramente muchas.

Y aquí es donde entra en juego la ya citada pregunta, es decir, ¿tiramos o no tiramos de la cadena?

Yo, sinceramente, casis nunca he tirado de ella. Sí, sí, lo sé, se me podrá tachar de poco solidario o de poco apego a mi salud (física o sentimental), pero la verdad es que siempre he sido, en este tipo de cosas, un poco desconfiado, y no sin cierta razón.

Y lo digo, porque estamos ante un tipo de correos electrónicos que tienen por objeto recopilar el máximo número de direcciones de correo a fin de formar con ellas bases de datos que, posteriormente, se ponen en venta en internet al mejor postor, llegándose a pagar hasta 15 o 20 céntimos de euro el contacto.

Dicho esto, podemos llegar a un punto medio en el que no rompamos la cadena, de modo que tiremos de nuestra cadena y rompamos la del spammer de turno.

Para ello, algo tan simple como adoptar dos medidas: de un lado, comprobar si los hechos descritos en el mail recibido son o no reales y, de otro, poner las direcciones de correo de nuestros contactos en la casilla CCO, de modo que queden ocultas para el resto de miembros de la cadena.

Pequeñas medidas que solucionan de un plumazo el problema. Sencillamente sentido común.