martes, 7 de octubre de 2008

Silencio, cámara, acción…

Le propongo una serie de medidas a adoptar cada vez que salga a la calle para ir al mercado, al banco, a una cafetería o algún otro sitio similar. Preste atención:

Vaya bien duchadito y aseadito, póngase sus mejores galas, los zapatos relucientes por favor, cabeza alta y sonrisa profidén, aparente seguridad y adopte su mejor perfil.

Y no piensen que estoy loco, todo lo contrario, sólo intento que se adapten a los tiempos actuales y que optimicen los escasos, por lo general, minutos de fama que todos tenemos ante las cámaras, aunque eso sí, cámaras de videovigilancia, porque no sé si sabe que continuamente está siendo objeto de atención por centenares de cámaras de seguridad ubicadas por doquier allá donde vaya.

Ya sé que no es el tipo de fama con que quizá soñaban, pero es la pura y, a veces, triste realidad.

Precisamente me viene esta reflexión al leer esta mañana que, en lo que va de año, y siempre según datos de la Agencia Española de Protección de Datos, se ha producido un espectacular auge de las actividades de videovigilancia tanto en entidades públicas como privadas.

Ello se debe a que existe hoy día una creciente preocupación por la seguridad lo que motiva que todos nuestros pasos sean cada vez más vigilados por todo tipo de entidades vaya usted a saber por y para qué.

Con ello, lo que se está produciendo es una alarmante cesión de nuestras libertades individuales a cambio de una presunta mayor protección frente a todo tipo de eventuales amenazas y ataques imaginables.

Esto, por lo que se refiere al empleo de cámaras de videovigilancia, se traduce, a fin de salvaguardar nuestros derechos y libertades, en una serie de exigencias a adoptar por parte de la entidad responsable de las mismas, y que se traducen en ciertos derechos que tenemos. Veamos someramente cuáles son:

a.- La imagen captada por las cámaras de seguridad se considera que es un dato de carácter personal, por lo que ha de quedar sujeta a sus disposiciones reguladoras.

b.- Se entiende por videovigilancia, toda aquella actividad que suponga la colocación de una cámara de grabación, fija o móvil, con la finalidad de vigilar un espacio o a personas.

c.- Dentro de la utilización de vídeo cámaras se incluye no sólo la grabación de imágenes, sino también la mera captación de las mismas, su transmisión, conservación y almacenamiento, incluida su reproducción o emisión en tiempo real.

d.- El uso de cámaras de seguridad debe ser siempre contemplado como un recurso subsidiario, empleándose exclusivamente cuando no exista un modo menos intrusivo de lograr la finalidad pretendida, la cual, entendemos que sería la de vigilancia de las personas que se encuentren en la sala de espera de la entidad.

Estas son los principales aspectos que han de tenerse en cuenta a la hora de establecer un sistema de videovigilancia, pero mientras decidimos si es o no conforme a nuestra legislación, no lo dude: mire a la cámara y diga patata!!!

lunes, 6 de octubre de 2008

¿Tiramos o no tiramos de la cadena?

Tirar o no tirar de la cadena, that´s the cuestión, así de simple.

¿Cuántas veces no hemos recibido en nuestra bandeja de correo mails en los que, so pretexto de una acción caritativa o de un supuesto beneficio para nuestra salud (física o sentimental), se nos pedía que reenviásemos el correo recibido, cuanto menos, a 5 ó 10 de nuestros contactos para no romper la cadena y, de ese modo, poder propagar la acción pretendida u obtener los beneficios deseados? Seguramente muchas.

Y aquí es donde entra en juego la ya citada pregunta, es decir, ¿tiramos o no tiramos de la cadena?

Yo, sinceramente, casis nunca he tirado de ella. Sí, sí, lo sé, se me podrá tachar de poco solidario o de poco apego a mi salud (física o sentimental), pero la verdad es que siempre he sido, en este tipo de cosas, un poco desconfiado, y no sin cierta razón.

Y lo digo, porque estamos ante un tipo de correos electrónicos que tienen por objeto recopilar el máximo número de direcciones de correo a fin de formar con ellas bases de datos que, posteriormente, se ponen en venta en internet al mejor postor, llegándose a pagar hasta 15 o 20 céntimos de euro el contacto.

Dicho esto, podemos llegar a un punto medio en el que no rompamos la cadena, de modo que tiremos de nuestra cadena y rompamos la del spammer de turno.

Para ello, algo tan simple como adoptar dos medidas: de un lado, comprobar si los hechos descritos en el mail recibido son o no reales y, de otro, poner las direcciones de correo de nuestros contactos en la casilla CCO, de modo que queden ocultas para el resto de miembros de la cadena.

Pequeñas medidas que solucionan de un plumazo el problema. Sencillamente sentido común.